Una primera aproximación al teletrabajo: pros y contras

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Hoy en día esta de moda la nube, las conexiones remotas, el Internet, etc. y con todo eso la posibilidad de trabajar desde la casa. Es claro que no hay nada como el hogar, pero no todos están de acuerdo en que sería bueno trabajar desde allí (o en mi caso, desde aquí). Como todo, trabajar a distancia tiene cosas buenas y malas, y lo que pretendo ahora es contar un poco sobre lo que se esconde en el teletrabajo a partir de mi experiencia personal como un empleado [feliz].

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Antes de empezar, definamos el teletrabajo. Hagámoslo fácil. “tele” significa “lejos” y trabajo… bueno, trabajo. Entonces podemos decir que tele-trabajar es trabajar desde lejos, lejos de la empresa, lejos de la oficina, lejos de aquella persona que tal vez no te quieres encontrar; muy bueno ¿no? De hecho, el teletrabajo tiene sus ventajas. Te puedes levantar un poco más tarde y disfrutar más tu desayuno porque no tienes que pasar mucho tiempo en un trancón o en el sistema de transporte que seguramente siempre esta repleto de gente, y además de eso, te ahorras el gasto diario que el desplazamiento implica; definitivamente, un lujo.

Incluso, la capacidad de trabajar desde la casa, con algunas comodidades extra y mucho menos estrés, hace que seas más eficiente y trabajes más feliz, que representa un aumento productivo que beneficia, además, a la empresa.

Sin embargo, no todo es color rosa. Lo primero que adviertes es que para tele-trabajar, hay que aprender a trabajar desde la casa. Me refiero a que cuando estas en la casa eres “víctima” de la cotidianidad y hay que aprender a enfrentarla. Hay interrupciones comunes dentro de la casa que pueden entorpecer el flujo efectivo del trabajo como pueden ser el teléfono, la puerta, la familia que llega a hacer conversación, entre muchas otras distracciones; y también hay que tener muy en cuenta las condiciones de trabajo, buscar un buen proveedor de Internet, organizar tu espacio de trabajo para que sea cómodo, identificar la forma en que inviertes tu tiempo en Internet para ser más productivo, etc. Todo esto genera algo que por ahora llamaré “estrés de casa”, que afecta de una u otra manera, la forma en la que trabajas, y en la que descansas o compartes con tu familia.

Definitivamente, esto de trabajar desde la casa es muy bueno, aunque antes de poder hacerlo bien, es necesario desarrollar una cultura de trabajo. Factores como un horario flexible y la falta de supervisión personal pueden hacernos sentir con el control total sobre la situación y mucha libertad, pero muchas veces ese control y libertad no son más que el disfraz de las interrupciones propias de la casa o de Internet que afectan irremediablemente nuestro rendimiento laboral.

La idea del teletrabajo es trabajar de manera cómoda y eficiente, pero para ello es necesario manejar el estrés generado por las actividades de la casa y el estrés generado por el trabajo. Una vez logremos eso, trabajar desde la casa va a ser una auténtica delicia.